martes, 10 de junio de 2014

¿Por qué nos reímos cuando nos hacen cosquillas?

Según estudios realizados por científicos de la Universidad de Tubinga la risa histerica que provocan las cosquillas es un mecanismo de defensa.
Este tipo de risa indica sumisión, un reconocimiento de la derrota. Según los científicos cuando recibes cosquillas se activa la parte del cerebro que se anticipa el dolor – por lo que es posible atacar accidentalmente a alguien que está tratando de hacerte cosquillas.
 Tanto cosquillas y risa activa la parte del cerebro llamada el opérculo rolándica que controlan los movimientos faciales y reacciones vocales y emocionales. Sin embargo, a diferencia de la risa por algo divertido, las cosquillas también activan el hipotálamo que controla la temperatura corporal, el hambre, el cansancio, el comportamiento sexual y las reacciones instintivas a situaciones como la lucha o huida.
De hecho, los descubrimientos científicos arrojan luz sobre por qué algunas personas incluso comienzan a reír con la amenaza de las cosquillas. “Cuando haces cosquillas a alguien, en realidad estimulas las fibras nerviosas amielínicas que causan dolor,” dijo el Dr. Alan Hirsch, fundador Smell & Taste Treatment and Research Foundation en Chicago
Esto también explica por qué no podemos hacernos cosquillas a nosotros mismos, pues nuestro cerebro es consciente de que no hay necesidad de producir una respuesta a la acción.


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Fuente: sabiasque.net

domingo, 8 de junio de 2014

Comer yemas de huevo es tan dañino como fumar

Un nuevo estudio realizado por el médico David Spence, sugiere que las yemas de huevo pueden acelerar la aparición de enfermedades cardiacas casi en la misma medida que fumar. El estudio publicado en línea en la revista Atherosclerosis concluyó que comer yemas de huevo de forma regular incrementa la acumulación de placa (conformada por colesterol, grasa, calcio y otras sustancias) cerca de dos tercios en comparación con fumar.
Específicamente, los pacientes que comían tres o más yemas a la semana tuvieron significativamente más placa que quienes la ingerían dos o menos veces por semana.
El problema es la yema, no el huevo, dice Spence, quien también es profesor de neurología en la Universidad del Oeste de Ontario, en la Escuela de Medicina y Odontología. “La yema de un huevo grande de gallina tiene cerca de 237 miligramos de colesterol”.
La clave es mantener una dieta baja en colesterol, dijo Spence. Incluso si eres joven y saludable, comer yemas de huevo puede incrementar el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares en el futuro.
 Para aquellos pacientes con enfermedad arterial coronaria, como es el caso de los diabéticos, comer una yema de huevo al día puede incrementar el riesgo coronario de dos a cinco veces, añadió.
La arteriosclerosis, también conocida como la enfermedad arterial coronaria, sucede cuando la placa se acumula en los vasos sanguíneos que llegan al corazón, específicamente en la pared arterial interior, limitando la cantidad de sangre que puede pasar.
Los investigadores estudiaron a 1.231 pacientes de la clínica de prevención vascular del Centro Universitario de Salud Hospitalaria de Londres, con un promedio de edad de 61,5 años. Cada paciente ya había experimentado un pequeño accidente cerebrovascular; padecían de presión arterial alta, hipertensión o tenían un historial familiar de enfermedades cardiovasculares.
Spence dice que los investigadores decidieron estudiar a pacientes con un mayor riesgo de padecer problemas cardiovasculares, ya que hubiera sido más difícil obtener resultados visibles si se hacia el estudio en la población general con menores riesgos.
A los pacientes se les solicitó llenar un cuestionario sobre su dieta, su estilo de vida y los medicamentos que tomaban, incluyendo la información sobre cuánto fumaban y el número de yemas de huevo que consumían. Se les practicó un ultrasonido para examinar su acumulación de placas. Los investigadores consideraron factores como el sexo, colesterol, presión arterial, su consumo de tabaco, índice de masa corporal y si padecían diabetes.


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Fuente: sabiasque.net

jueves, 5 de junio de 2014

La miel cura las heridas y detiene el crecimiento de las bacterias.

Está médicamente comprobado que poner miel a las heridas ayuda a curarlas más rápido y detiene el crecimiento de bacterias.

Un estudio reciente llevado a cabo en el hospital Centre Hospitalier (CHU) de Limoges, Francia, ha demostrado que los vendajes con miel ayudan a reducir enormemente el tiempo de cicatrización de las heridas. Ghislaine Pautard, enfermera en el área de investigación del mencionado centro, nos da los detalles.

“Empezamos a utilizar la miel en el Servicio de cirugía visceral y trasplantes en 1984, bajo el impulso del cirujano Bernard Descottes, entonces jefe del servicio”, cuenta Pautard. Descottes, fallecido en 2009, había leído trabajos realizados en el extranjero sobre los poderes de cicatrización de la miel. “En aquella época teníamos pocos productos cicatrizantes que fueran efectivos”, precisa la enfermera. El cirujano propuso a su equipo hacer investigaciones bibliográficas sobre el tema y observar los efectos de aplicar vendas de miel a los pacientes.
Un estudio comparativo a doble ciego –los individuos de ambos grupos no saben si han recibido el medicamento nuevo o uno ya conocido– realizado en 1998 demostró que, sobre tres tipos de heridas, la velocidad de cicatrización fue casi dos veces más rápida con la miel que con otros dispositivos médicos conocidos. “Desde 1984 hasta hoy, más de 300 pacientes se han beneficiado de las vendas de miel en nuestro servicio”, agrega la enfermera.
 
¿Por qué la miel tiene poder cicatrizante?

“Sabemos que la miel posee propiedades antibacterianas vinculadas a su osmolalidad y a la producción de agua oxigenada. La glucosa-oxidasa, enzima secretada por las glándulas hipofaríngeas de la abeja, transforma la glucosa presente en el néctar en ácido glucónico, lo que resulta en liberación de agua oxigenada”, explica Pautard. “En cambio, aún ignoramos lo que sucede en las heridas”, agrega. Un grupo de investigación, compuesto por investigadores de diferentes centros de Limoges, están estudiando la fisiología de la cicatrización con miel, pero todavía no han revelado sus descubrimientos.
 
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Imágen: yasalud.com

Fuente: Curiosidadsq